El gobierno asumió el riesgo de jugar “a todo o nada” y le salió bien. La ayuda de Scott Bessent para sostener el esquema cambiario hasta el final fue fundamental para mantener al dólar dentro de las bandas y la inflación contenida en torno al 2% mensual (2,4% nuestra proyección de octubre según el RPM). La caída en el nivel de actividad detrás del frenazo al crédito provocado por la sobre reacción y volatilidad de las tasas de interés producto del apretón monetario en una economía que desde abril operaba con cepo parcial (y casi sin brecha cambiaria), no tuvo impacto en la elección. Quizás el miedo a una crisis cambiaria detrás del resultado en la PBA (incluyendo el condicionamiento de Trump a que la ayuda sólo iba a dársela a Milei) frente a una oferta del peronismo por demás mediocre (y sin ninguna autocrítica) coordinó, en un contexto de alta polarización y baja participación, el voto a favor de LLA que pintó el país de violeta.
El resultado del domingo da un enorme aire al gobierno para buscar alargar el horizonte de la política y empezar a reconstruir los otros dos vértices del triángulo, el programa macro y el programa micro, que habían quedado muy desbalanceados frente a la corrida contra el peso. La presentación de Werning y los primeros movimientos, permiten pensar en dos dinámicas, suponiendo el acceso al crédito para refinanciar los vencimientos en pesos y en dólares se termina de dar más temprano que tarde.
Un primer escenario donde sostienen la banda superior consistente con una desinflación más rápida y un crecimiento más lento (aunque sin corrección inicial) y un arrastre más bajo para 2027. Un segundo escenario más parecido al base que venimos manejando hasta ahora, donde recalibran las bandas y empiezan a acumular reservas.