Monitor Semanal #822

Armando el rompecabezas 

Semana agitada para los pesos, luego de la suba de encajes de la semana pasada retroactiva para más que compensar la expansión resultante de la última licitación. Lejos de festejar el “punto ANKER” el BCRA ya avisó que volvería a subir encajes si en la próxima licitación el roll over resulta de nuevo por debajo del 100%. 

El aumento en los encajes le generó a las entidades financieras un rojo equivalente al 4,1% de los depósitos de pesos a lo que se sumó una exigencia adicional de 0,9% de los depósitos por el aumento en el stock registrado durante julio. Con esto, los bancos tuvieron que salir a buscar $6 billones adicionales para cubrir las posiciones de efectivo mínimo en la cuenta corriente del BCRA… y todavía no lo lograron.  

Recordemos la suba en los encajes fue de un 10% adicional a las cuentas remuneradas de money markets para llevarlas al 40% y equipararlas al resto de las cuentas a la vista para las cuales redujo del 9% al 5% el porcentaje integrable con títulos. También aplicó la misma suba en la alícuota de encajes a la caución y a los pases pasivos.  

Frente a esta situación, los bancos desarmaron pases pasivos con el BCRA por $1,7 billones y tuvieron que salir a “reventar” títulos públicos por $3,2 billones adicionales para conseguir mayor liquidez. Lo paradójico de la venta de los títulos públicos para alimentar las necesidades de liquidez es que la contracara de la operación habría sido absorbida inicialmente por el propio BCRA, que en el “otros” de la base monetaria expandió por $2,6 billones en los primeros días de agosto.  

El conjunto de las medidas tomadas por los bancos para adaptarse al cambio en la normativa, implicó una mejora de $2,5 billones de la posición de la cuenta corriente en el BCRA para llegar a los $18,8 billones. Todavía $1,2 billón por debajo de las necesidades estimadas en promedio para el mes, pero el doble que la vigente 30 días atrás antes del desarme de las Lefis. Todo el aumento en la base monetaria de $33 billones a $43 billones, obedece a la suba de encajes.  

Como en otras ocasiones, la medida apunta a un objetivo electoral que es contener al dólar y no a cumplimentar los objetivos monetarios establecidos en el acuerdo con el FMI que estaban en línea o incluso por debajo con lo programado inicialmente. La barrida de los pesos ayudó a reducir la liquidez sobrante, subir las tasas de interés y volver a rearmar el carry trade con un dólar a la baja, luego de que este se escapara en el fin de julio. La contracara de la medida es un fuerte encarecimiento del crédito, un consecuente y esperable impacto negativo en la actividad (que ya venía estancada desde febrero) y un menor traspaso del salto en el dólar a la inflación. 

El precio del dólar retrocedió 2,3%, al pasar de $1.361 a $1.329 al finalizar la semana. El volumen negociado en la semana fue similar al de la pasada, aunque con una mayor participación del agro luego de la publicación de la norma que baja las retenciones. La demanda fue la que cedió, ante la mejora de los rendimientos en pesos.  

Respecto a la inflación, salió el dato del IPC de CABA que exhibió un incremento mensual de 2,5% en julio, por encima del 2,1% de junio. Reponderando el número por la estructura de ponderadores del IPC Nacional del INDEC el aumento se reduce a 1,9%. Una aceleración que está en línea con lo relevado por nuestro RPM (1,8% mensual), impulsado principalmente por los productos estacionales, donde el turismo (vacaciones de invierno) y las verduras (por el frío) fueron los segmentos de mayor impacto. La inflación core sigue a la baja y se ubica por debajo del 2%. El próximo miércoles 13 de agosto se dará a conocer el dato. 

Respecto a lo que se viene, seguimos previendo una suba en torno a 2% de los precios en agosto. Los datos diarios de la segunda semana de agosto siguen sin acusar el salto del dólar. A las empresas ya les estaba costando recuperar los márgenes de rentabilidad en una economía más abierta y con mayor competencia y donde ahora el driver del crecimiento que venía siendo el crédito, se frena de prepo. 

Internacional 

La Reserva Federal (Fed) enfrenta una compleja disyuntiva entre sus dos mandatos: pleno empleo y estabilidad de precios. La economía estadounidense muestra signos claros de desaceleración, con un mercado laboral debilitado y presiones inflacionarias derivadas de los aranceles. Esta tensión obliga a la Fed a reconsiderar su postura: mientras la inflación sugiere una política monetaria más restrictiva, el deterioro laboral demanda estímulo para evitar una recesión más profunda. 

El informe de empleo de julio evidenció esta fragilidad. Las nóminas no agrícolas crecieron apenas en 73.000 puestos, muy por debajo de lo esperado, y las revisiones de meses anteriores restaron 258.000 empleos. En total, 7,2 millones de personas estaban desempleadas en julio, frente a 6,8 millones en enero. Esta combinación de menor demanda y oferta laboral en retroceso podría afectar el consumo en los próximos meses. 

Buena parte de esta desaceleración se vincula a la política comercial y migratoria de la administración Trump. El shock arancelario es significativo: la tasa efectiva promedio sobre importaciones se ubica en 17%, frente al 2,3% de 2024. Aunque acuerdos con la UE y Japón, y negociaciones con China, redujeron algo la incertidumbre, los altos aranceles están alterando las decisiones empresariales. 

La inflación comienza a reflejar el impacto de los aranceles. En junio, la inflación de bienes core subió 1,0% interanual, y los precios mensuales de bienes (excluyendo energía y vehículos) aumentaron 0,55%, el mayor incremento desde 2022. Aunque la inflación de servicios se modera por menor crecimiento de alquileres y debilidad salarial, el impulso inflacionario de los aranceles se hace más evidente. 

A pesar de estos datos, los mercados financieros se mantienen resilientes. Las acciones rondan máximos históricos, el dólar sigue fuerte y no hubo represalias comerciales significativas. Esta resistencia se explica por expectativas de recortes de tasas por parte de la Fed, ganancias corporativas sólidas y estabilidad en los flujos de capital.