El Gobierno avanzó en el armado del «colchón financiero» para 2027 mediante el ingreso de nuevas fuentes de financiamiento tanto en pesos como en dólares, en un contexto de estabilidad cambiaria y reducción del riesgo país que volvió a quebrar hacia abajo los 500 pbs.
En la última licitación, el Tesoro refinanció el 114% de los $11 billones que vencían a fin de mes, retirando de la economía $1,6 billones netos y aumentando sus depósitos en pesos en el BCRA a $12,9 billones. El instrumento más demandado fue la nueva LECAP a septiembre, adjudicándose a una tasa mensual del 1,99% (menos negativa frente a una inflación proyectada de 2,4% en mayo, producto de la aceleración de los precios de las verduras en la última semana). Paralelamente, se emitieron $3,8 billones en bonos indexados (TAMAR+6,9%) con vencimiento en 2028, consolidando la estrategia de estirar plazos.
En relación al rol del Tesoro en el plano monetario, notamos un cambio en el margen. Hasta mediados de abril, el Tesoro absorbía en las licitaciones casi la misma cantidad de pesos que el Central había emitido por compra de divisas desde la última licitación. Esta esterilización de los pesos, que llamamos la inversa del Punto Anker, estuvo acompañada de una caída en el tipo de cambio. Sin embargo, a mediados de abril, el Tesoro dejó de absorber pesos, acercando el refinanciamiento de las licitaciones al 100% y con ello el tipo de cambio abandonó la zona de los $1.360 que había llegado a tocar y volvió a los $1.400. Hoy con el dólar en $1.410, Finanzas volvió a limpiar la plaza de pesos y queda planteada la pregunta de si hay una función de reacción del Tesoro al ancla cambiaria desde el programa financiero.
Volviendo a los dólares, ingresaron USD1.000 millones del desembolso del FMI (EFF), que fueron nuevamente utilizados para cancelar Letras Intransferibles con el BCRA que están reflejadas en el balance por debajo del valor nominal (similar a la cancelación con utilidades de dos semanas atrás). Por la licitación de los bonos AO27 y AO28, ingresarán USD547 millones. Con esto, el Tesoro ya cubre USD2.935 millones de los USD4.300 millones requeridos para el pago de los bonistas en julio próximo, sin contar el próximo aporte de bancos comerciales garantizados por los organismos multilaterales.
El Banco Central aceleró la compra de divisas (USD 447 millones el último jueves y USD761 millones en la semana), impulsado por una sobreoferta de dólares originada en la colocación de deuda privada y subsoberana. Esto permite afrontar el pago de la última cuota del BOPREAL Serie 3 (USD1.000 millones más intereses) el 1/6, despejando el horizonte de pagos grandes de este instrumento hasta abril de 2027.
De esta manera, las reservas brutas llegaron a USD48.191 millones y las netas estarían en USD9.156 millones negativas, según la nueva metodología del FMI. La acumulación de reservas en lo que va del año, asciende a USD5.041 millones frente a una meta de acumulación de USD8.000 millones.
Tras un máximo de deuda flotante en marzo ($4 billones), en abril se cancelaron pagos por $1,2 billones. El stock actual de deuda flotante se redujo a $2,8 billones (0,3% del PIB), operando nuevamente como un mecanismo de flexibilidad fiscal ante una recaudación que venía menguando, pero que parece en mayo se recompondría por los pagos de ganancias (los recursos de origen nacional para las provincias se elevaron 44% i.a.).
Sobre el cierre de este informe se dio a conocer el balance cambiario de abril. La cuenta corriente fue superavitaria en USD1.333 millones, la oferta del agro más que compensó el déficit de Servicios e Ingresos primarios. Por su parte, la cuenta financiera también fue superavitaria en USD1.048 millones por la emisión de deuda pública y del sector financiero que compensaron el déficit del Sector Privado No Financiero explicado principalmente por la compra de divisas que el neto negativo ascendió a USD2.363 millones (vs. USD2.214 millones en promedio en el primer trimestre del año).
Internacional
La semana estuvo marcada por una descompresión parcial del conflicto entre Estados Unidos e Irán, a partir de la extensión de la tregua por 60 días. Sin embargo, el punto clave sigue sin resolverse: el Estrecho de Ormuz aún no muestra una normalización plena, por lo que el escenario base continúa siendo una reapertura gradual entre junio y julio, más cercana a una tregua administrada que a una solución definitiva. Esta expectativa explicó la caída del Brent (USD93 el barril al cierre de este informe), aunque la prima geopolítica no desaparece mientras persistan dudas sobre sanciones, garantías de seguridad y el programa nuclear iraní, en línea con lo planteado en el informe previo.
El frente energético también tiene una traducción política doméstica en Estados Unidos. El conflicto con Irán deterioró la principal promesa económica de Trump: bajar el costo de vida. El PCE de abril mostró una inflación de 3,8% interanual y una inflación núcleo de 3,3%, todavía claramente por encima del objetivo de la Fed. En paralelo, el aumento de la nafta se convirtió en un problema electoral: Ipsos reportó que 76% de los estadounidenses culpa a la administración Trump por la suba de los precios de la gasolina, incluyendo más de la mitad de los republicanos.
En paralelo, el foco internacional sobre Medio Oriente le da margen a Rusia para aumentar la presión sobre Ucrania y testear los límites de la OTAN. En mercados, la renta variable estadounidense mantuvo el sesgo positivo por el rally de inteligencia artificial, especialmente en tecnología y semiconductores, aunque la sostenibilidad del movimiento dependerá de que la desescalada energética se consolide y no vuelva a presionar inflación y tasas.