En la semana la fiesta financiera, tras el cambio en la calificación de la deuda soberana por parte de S&P, convivió con datos de actividad mixtos de mayo (caída en industria y construcción que contrastan con la suba en el IPI minero), una baja en la tasa de inflación más agresiva (2,15% en mayo y una proyección de nuestro RPM para junio con dos semanas adentro de 1,9%), y un ruido político detrás de la “ingeniosa” explicación del Jefe de Gabinete del origen de los fondos frente a las denuncias de enriquecimiento ilícito y un Congreso abroquelado buscando su destitución.
La mejora en la calificación crediticia de Argentina el jueves a última hora por parte de S&P a la categoría B- desde CCC+ (que se suma a la recalificación de Fitch de cuatro semanas atrás), impulsó los precios de los bonos, sobre todo los más largos y coordinó una baja en el riesgo país a la zona de 444 pbs, alcanzando niveles mínimos desde que arrancó la gestión.
El cambio es relevante porque reduce la percepción de riesgo y puede ampliar el universo de inversores habilitados a comprar activos argentinos, especialmente fondos institucionales que tienen restricciones para operar activos con calificaciones en zona CCC. También mejora las condiciones potenciales para que el Tesoro descomprima el programa financiero y, eventualmente, vuelva a acceder al mercado internacional de capitales en la segunda mitad del año, antes de que arranque la agenda electoral.
La licitación del Tesoro volvió logró alargar exitosamente los plazos de vencimiento más allá de 2028 mediante bonos duales con prima en una licitación donde prácticamente desapareció la oferta de bonos cortos. Si bien se comunicó financiamiento neto positivo, la inyección previa de liquidez por parte del Banco Central, vía retiro de bonos TAMAR (TMF27 y TMG27), arrojó un ratio de rollover efectivo del 100%.
Por su parte, en la licitación de instrumentos hard-dollar el Gobierno completó otra colocación de VNO USD300 millones de AO28 y faltan VNO USD366 millones para completar el cupo de VNO USD2.000 millones. Cuando se liquiden los USD286 millones correspondientes, los depósitos del Gobierno en dólares en el BCRA totalizarían USD3.200 millones, acercándose a los necesarios para cubrir los cupones de julio.
El Gobierno (BCRA+Tesoro) vendió una cantidad considerable de cobertura cambiaria vía bonos DLK, lo que permitió descomprimir el tipo de cambio para acomodarse en torno a los $1430, en línea con un crawl mensual que parece mantenerse en el 2%.
Finalmente, la dinámica de las reservas se mantuvo a flote. El Banco Central sostuvo su ritmo de compras diarias en el MULC por casi USD97 millones, logrando compensar el impacto negativo de la caída del oro y de los encajes.
Hacia adelante, el frente externo podría recibir un nuevo impulso tras la reciente decisión del BCRA de flexibilizar el acceso a créditos en dólares para empresas no exportadoras, siempre que cuenten con garantías vinculadas a ingresos en divisas; una medida que, además de dinamizar el sistema financiero, le abre a la entidad una nueva ventana para seguir acumulando reservas. De momento el límite pareciera estar dado por el estancamiento de los depósitos en dólares observado en los últimos tres meses y un ratio crédito a PIB en torno a 60%.
Internacional
La semana dejó dos señales centrales para el frente internacional. A nivel global, el escenario externo se volvió menos benigno. La escalada en Medio Oriente mantiene presionado el precio del petróleo y refuerza los riesgos inflacionarios, mientras la OCDE recortó sus proyecciones de crecimiento y advirtió que una disrupción energética prolongada podría combinar menor actividad con inflación más alta.
La inflación volvió a instalarse en el centro de la escena global. En Estados Unidos, el CPI de mayo aceleró por el impacto de la energía y el PPI confirmó mayores presiones en los costos, reduciendo las expectativas de recortes de la Fed. En Europa, el repunte inflacionario llevó al BCE a subir 25 puntos básicos la tasa de depósito hasta 2,25% y a revisar al alza sus proyecciones de inflación. Japón continúa avanzando en la normalización monetaria y el mercado espera que el Banco de Japón vuelva a subir tasas en las próximas reuniones. Así, la ola de easing que dominó 2024 y buena parte de 2025 empieza a perder fuerza: el mercado pasó de descontar bajas de tasas a incorporar un escenario de política monetaria más restrictiva y tasas altas por más tiempo.
Hasta ahora, la inteligencia artificial funcionó como amortiguador del golpe geopolítico, sosteniendo el apetito por riesgo y llevando a los índices a máximos. Pero esa misma narrativa empieza a abrir una nueva vulnerabilidad. La IA ya no es sólo una historia de productividad futura: es capex masivo, deuda, energía e infraestructura. Oracle mostró el punto con un capex por encima de USD55.000 millones y necesidades crecientes de financiamiento. Y la posible ola de mega-IPOs —SpaceX, OpenAI, Anthropic— puede sostener el entusiasmo, pero también absorber liquidez y concentrar todavía más los flujos en pocas historias de crecimiento. En un mundo de tasas largas altas, energía cara y bancos centrales menos dovish, el trade de IA deja de ser sólo “crecimiento estructural” y vuelve a depender de una pregunta más tradicional: cuánto capital hay que invertir hoy, a qué costo y con qué retorno esperado.