Monitor Semanal #861 | Dólar y tasa para arriba, ¿y la inflación? 

Dólar presionado. En un contexto internacional de fortalecimiento del dólar, el cierre de junio encontró al mercado cambiario nuevamente bajo presión. A diferencia de semanas anteriores, el menor flujo de divisas no provino del complejo agroexportador, cuya liquidación se mantuvo firme e incluso mostró una mejora respecto de mayo, sino del canal financiero. La menor emisión de Obligaciones Negociables y el menor ingreso de préstamos en dólares redujeron la oferta marginal, al tiempo que algunas demandas puntuales vinculadas con el sector energético y el giro de dividendos agregaron presión sobre el mercado. 

Plaza seca de pesos y tasas al alza. El Banco Central retomó un rol más activo para administrar la volatilidad. La autoridad monetaria desaceleró sus compras en el mercado oficial a mínimos desde comienzos de marzo (promedio de USD48 millones diarios) y volvió a utilizar los mercados de futuros como herramienta de intervención. A esto se sumó una fuerte operatoria en la letra dollar-linked D31L6, que sugiere una participación más decidida también en el mercado secundario de títulos públicos. El Gobierno busca sostener la estabilidad cambiaria combinando una menor expansión monetaria con cobertura financiera. Esta conjunción entre una «plaza seca» y una mayor necesidad de cobertura cambiaria presionó al alza la tasa overnight, que trepó a niveles del 23% TNA, despegándose del piso del 20% fijado por el BCRA. Simultáneamente, se registra un incremento en la demanda de pesos que excede los factores estacionales, sugiriendo un incipiente proceso de remonetización impulsado por la recuperación de los saldos transaccionales (posiblemente se deba a una leve recuperación de poder adquisitivo en el margen).  

Tensiones contrapuestas en la licitación. Para refinanciar los abultados vencimientos por $16,2 billones ($15,4 billones en manos privadas), el Tesoro amplió el menú de instrumentos (tasa fija, TAMAR, CER y dollar-linked) buscando estirar la duration de la curva. El escenario de licitación enfrenta fuerzas opuestas: por un lado, la presión cambiaria y la debilidad del crédito privado juegan a favor de un cómodo rollover superior al 100%. Por el otro, la escasez de liquidez y la mayor demanda transaccional abren la puerta de un regreso al «Punto Anker», donde Finanzas convalide una menor absorción y libere pesos a riesgo de presionar sobre el dólar.  

Piso para la inflación. Este panorama cambiario y monetario sostiene una proyección de inflación estable en torno al 2% mensual para lo que resta del año, limitando una desaceleración más profunda a corto plazo. 

¿Un motor alcanza para la economía? Los datos de actividad del primer trimestre muestran, además, una economía que sigue creciendo, aunque con un patrón estrecho y poco difundido. El PIB avanzó 2,3% interanual y 0,7% desestacionalizado respecto del trimestre previo, alcanzando un nuevo máximo y dejando un arrastre estadístico de 1,8% para el promedio de 2026. Sin embargo, la composición del crecimiento sigue siendo el dato relevante: agricultura, pesca y minería explicaron cerca del 70% de la expansión. La demanda interna, en cambio, continúa mostrando fragilidad. El consumo privado creció apenas 2,7% interanual, muy por debajo de los registros de 2025, mientras que la inversión cayó 11,6% y el consumo público siguió ajustando. Las exportaciones crecieron 9,8% y las importaciones se redujeron 7,5%, por lo que el frente externo volvió a compensar la debilidad del mercado interno.  

El mercado laboral reproduce esta heterogeneidad. La tasa de desocupación se ubicó en 7,8%, pero la informalidad trepó a 44,2%, 2,2 puntos por encima de un año atrás. Desde el tercer trimestre de 2023, el crecimiento del empleo se explicó casi exclusivamente por el cuentapropismo informal, mientras se destruyeron puestos asalariados registrados. La mejora puntual de los salarios privados registrados en abril puede sostener cierta recuperación del consumo, aunque su alcance es limitado. 

La demanda interna seguirá débil. Así, 2026 avanza con una economía en expansión, pero todavía sin un motor interno consolidado. El arrastre estadístico permite proyectar un crecimiento anual positivo, aunque la difusión de la recuperación dependerá de que consumo, inversión, industria y comercio vuelvan a traccionar. Por ahora, la actividad descansa principalmente en el agro, la energía, la minería y las exportaciones, sectores capaces de sostener el nivel de producto pero con una capacidad más acotada para impulsar empleo urbano y demanda interna. 

Internacional 

Tasas reales en EE.UU. Las tasas reales norteamericanas suben sin pausa en lo que va del año (el real a 10 años en máximos de más de una década) pese a que el Brent perforó los 80 y los breakeven comprimen. La clave es que el movimiento es de crecimiento, no de inflación: el PBI del 1T creció 2,1% anualizado traccionado por inversión (1,4 p.p.), con la IA empujando la tasa real de equilibrio a un nivel estructuralmente más alto. El estreno hawkish de Warsh al frente de la Fed (la curva de swaps pricea ~30% de suba en la próxima reunión y ~50% en la siguiente) y un PCE con la core todavía caliente (0,3% mom, ~3,9% anualizado en la ventana trimestral) convalidan el sesgo. El dólar se aprecia hacia la zona de 102 y endurece las condiciones financieras para los emergentes. 

América Latina. El giro a la derecha que veníamos anticipando se confirmó en las urnas: ganaron Fujimori en Perú y De la Espriella en Colombia (fuerte viraje desde el petrismo), que se suman a Milei, Noboa, Kast y Paz, con Brasil en octubre como la última gran prueba frente al bolsonarismo. Es un giro con «otro manual»: el eje se corrió de la normalización macro de 2015/2018 hacia la seguridad, el orden y el rechazo a la política tradicional. El interrogante ya no es quién gana, sino la capacidad de gobernar (margen legislativo y gestión) en congresos fragmentados y escenarios polarizados; para los mercados, la lectura inicial es favorable pero no lineal.

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