“COMPRÁ DÓLARES, CAMPEÓN”
Esperemos que la frase, pronunciada por el Ministro de Economía en una presentación donde cuestionaba a aquellos que decían que el dólar estaba barato, no se transforme en una de esas frases que queda cincelada en la historia. Lo dijo entonado, en un marco que venía enrarecido por la decisión del MSCI de no mejorar la calificación Argentina, la recomendación de un banco extranjero respecto al cierre de las posiciones de carry y la noticia del fallo en Nueva York que exige al país entregar en garantía su participación accionaria en YPF, algo que el gobierno apeló. En el medio aparecieron declaraciones amistosas del FMI que hablan de un “reconocimiento compartido de la necesidad de seguir construyendo buffers contra riesgos externos”. Algo que, utilizando las mismas palabras del ministro pero direccionadas al Banco Central o al Tesoro, podría traducirse como “comprá dólares, campeón”
Por lo pronto, en una semana donde la liquidación de dólares del agro fue histórica (más de USD1.600 millones), el tipo de cambio finalizó con un alza de 4%, superando los $1240 mientras las posiciones más largas de futuros se acercan al techo de la banda. Esto en un mundo donde el dólar global se volvió a devaluar, permitió una mejora del tipo de cambio multilateral que acumula 15% desde el arranque del programa. La búsqueda de cobertura, el pago de aguinaldos, el anticipo de los gastos de las vacaciones en el exterior en el receso invernal y la propia demanda de Mep/CCL de los productores que liquidaron dólares en el MULC abastecida por “el rulo”, parecen haber liderado este movimiento.
Mientras tanto, ni el BCRA ni el Tesoro volvieron a comprar y, los dólares habrían ido principalmente al sector privado. Los datos de los depósitos del Tesoro en el BCRA no muestran cambios significativos en dólares, más allá de los “block tardes” incorporados la semana pasada (USD200 millones hasta el miércoles pasado). Había alguna expectativa por los fondos de la provincia de Córdoba, pero por ahora parece que permanecen en sus manos. El Gobierno usará sus depósitos en dólares para pagar los vencimientos de los Globales/Bonares por USD4.300 millones esta semana.
Por otro lado, el Tesoro sigue manejando el mercado de pesos con el programa financiero. La liberación de más de $4 billones de la deuda en pesos no renovada en el mercado (por encima de las variaciones estacionales de a demanda monetaria) fueron suficientes para abastecer la liquidez del sistema: la tasa de la caución se redujo del 30% al 22% (ambas TNA), mientras las tasas del Tesoro se situaron en torno al 29% TNA (2,4% mensual). El desplazamiento hacia arriba de la curva de futuros y la suba del spot ayuda en el margen a descomprimir la tasa, si el techo de la banda es operativo.
La próxima licitación cuya oferta se anunció el viernes pasado será la última antes de la eliminación de las LEFI como instrumento de absorción monetaria. Con bajos vencimientos ($2,9 billones), Finanzas amplió el abanico de opciones buscando extender los vencimientos. No sólo ofreció instrumentos a tasa fija más largos, sino también incorporó al menú lo que pide el mercado: cobertura con bonos DLK y CER. Habrá que ver que parte de los flujos de corto plazo de las entidades terminan en estos instrumentos. Si bien es factible que el roll over sea, esta vez, bastante mayor al 100%, no necesariamente el capital que estaba en LEFIs ($14 billones) se vaya a alocar largo. Más factible es que las nuevas ruedas de corto plazo (REPI y CALL) vayan tomando profundidad.
Más allá del corto plazo, la programación financiera de dólares es lo que nos inquieta. Tras un primer semestre y un julio que se espera sea récord de liquidación de divisas, lo que resta del año se presenta como un desafío para los flujos. Según la Bolsa de Comercio de Rosario en el primer semestre las empresas agroindustriales liquidaron casi USD18.000 millones (USD3.000 millones mensuales) y en julio se espera se alcance USD4.300 millones. La contracara serán los restantes cinco meses, donde la liquidación promediaría USD2.000 millones mensuales (-34%) aunque de manera despareja: entre agosto y octubre levemente por encima de los USD1.000 millones mensuales para repuntar con la cosecha fina en el fin de año. Con una oferta exportadora escasa, el endeudamiento de empresas y provincias será fundamental para cubrir la mayor demanda de dólares que seguramente escalará a medida que nos acerquemos a las elecciones. La expectativa de que los dólares del colchón ingresen al sistema, de momento se demora a la espera de que la ley enviada al Congreso para modificar la Ley Penal Cambiaria, Tributaria y de Procedimiento Administrativo se aprueben.
Internacional
Durante la semana del 4 de julio, fue promulgada en EE.UU. la ley conocida como “One Big Beautiful Bill” (BBB), impulsada por Donald Trump y aprobada con modificaciones del Senado. La norma extiende de forma permanente los recortes impositivos de 2017 para empresas e individuos, incorpora beneficios fiscales temporales para trabajadores con propinas y horas extras, y recorta de manera significativa el gasto en programas sociales como Medicaid, SNAP y subsidios a energías limpias.
Según estimaciones del Committee for a Responsible Federal Budget, la ley sumará entre USD 4,1 y 5,5 billones a la deuda pública en la próxima década, dependiendo de si las medidas temporales se hacen permanentes. El impacto distributivo es regresivo: el 60% de los beneficios fiscales irá al 20% más rico, mientras que se estima que más de 11 millones de personas perderán cobertura médica. Aunque podría generar un impulso económico de corto plazo, consolida una trayectoria fiscal insostenible y más desigual.
En paralelo, el euro se apreció un 14% frente al dólar en lo que va del año, alcanzando niveles cercanos a USD 1,18, impulsado por la pérdida de confianza en la economía estadounidense, expectativas de recortes agresivos por parte de la Reserva Federal y una mayor demanda de activos europeos. Esta apreciación, sin embargo, plantea riesgos para la eurozona: si bien ayudó a moderar la inflación hasta el objetivo del BCE (2%), podría derivar en presiones desinflacionarias y afectar la competitividad de las exportaciones, especialmente en sectores manufactureros clave como el alemán.
El BCE podría verse forzado a recortar nuevamente las tasas de interés, al reflejar la apreciación la debilidad estadounidense, lo que refuerza la necesidad de una respuesta fiscal coordinada en Europa para sostener la recuperación.