Monitor Semanal #824

Política entrometida 

La política y la economía siguen marcando el rumbo de las finanzas hacia las elecciones, provocando mayor incertidumbre y un deterioro de las condiciones, que terminan afectando tanto el clima social como el nivel de actividad.  

Desde la política, denuncias de corrupción y un Congreso que cuestiona el ajuste enrarecen la dinámica en la previa de las elecciones bonaerenses. El Congreso logró el rechazo de vetos, la sanción de leyes, la aprobación de proyectos que elevan el gasto sin acuerdo con el oficialismo y la sanción de un dictamen de proyecto para controlar los decretos. Pero salvó en el palo el veto más importante en términos fiscales que era el de la de suba de las jubilaciones, continuidad de la moratoria previsional y pago de la deuda de las cajas previsionales, que representaba la mayor erogación y además comprometía la exención fiscal a las SGR. 

El costo de las marchas y contramarchas respecto al gasto público empieza a tener consecuencias en la opinión pública. El índice de confianza del consumidor retrocedió fuertemente en agosto, principalmente dentro del AMBA y en los sectores de menores ingresos. La suba de las tasas y los vetos dirigidos a las jubilaciones, discapacidad, salud y educación impactaron negativamente en la evaluación de las condiciones presentes y expectativas. Todavía el índice no captura las novedades recientes respecto a las “escuchas que hablan de coimas”, con lo cual deja dudas sobre su devenir.  

En el medio, la política económica y la programación de pesos y dólares tampoco ayudan. Elegido el camino de suba de tasas mediante el retiro de los pesos del mercado (8% de los depósitos), se observa una inestabilidad financiera que se traduce en un fuerte encarecimiento del crédito, recorte de los plazos de financiamiento e incremento de los niveles de morosidad.  

La ciclotimia en las tasas de interés se mantuvo en la semana con niveles que fueron desde el 3% a estar arriba del 100%. El inicio de la semana con mayor liquidez provocó el relajamiento de las condiciones financieras (dólar y tasas), pero luego de la colocación del Tesoro y el enrarecimiento político nuevamente el mercado entró en pánico. Las tasas interbancarias finalizaron en torno al 71%, tasas de adelantos por encima del 80% y tasas de plazo fijo en 60%. La forma en que el BCRA estableció los encajes obliga a los bancos a pagar por los plazos fijos y no busquen achicar hoja de balance.  

Igual el BCRA tuvo que salir de la madriguera, para limitar la inestabilidad financiera.  

Con el exceso de liquidez inicial puso un piso a la tasa Repo en 38-42% y un techo con la ventana de liquidez en 47%, buscando establecer un corredor de tasas sin que se note.  

Con el deterioro de las condiciones financieras tuvo que operar en el otro sentido y salió desde el jueves a realizar operaciones de mercado abierto comprando bonos para limitar el empinamiento de las tasas de interés del Tesoro. La Lecap que vence en Septiembre volvió a operar con una TEM de 4,8%.  

Respecto al dólar, luego de 10 jornadas de caída donde acumuló un descenso de 5% como contrapartida de la suba de las tasas, el tipo de cambio volvió a empinarse con la sangría política y tras tocar un mínimo de $1.292 el martes trepó $30 para finalizar la semana en $1.322 (hoy ya superado).  

Todo esto provoca que siga el cuestionamiento de las bandas, A pesar de que el BCRA habría vendido futuros para 2026 (principalmente en mayo) por más de USD1.000 millones, nuevamente las expectativas de tipo de cambio en el Rofex como las implícitas en los bonos siguen superando la banda, desde fin de año.   

Finalmente, se conocieron los datos de actividad del mes de junio, que indicaron un nuevo retroceso en el mes y confirmaron el estancamiento de la economía desde el pico de febrero. Las expectativas y las condiciones financieras hacen pensar que en el tercer trimestre habría un nuevo deterioro, siendo cada vez más probable que 2025 finalice con un aumento del PIB por debajo del 4%. 

Internacional 

En el simposio de Jackson Hole, Jerome Powell reconoció un cambio en el balance de riesgos, sugiriendo que la Reserva Federal podría recortar tasas en septiembre. Señaló que el mercado laboral muestra signos de enfriamiento y que los aranceles impuestos por la administración Trump añaden presiones inflacionarias, aunque podrían ser transitorios. Esto contrasta con las minutas recientes del FOMC, que priorizaban el riesgo inflacionario por sobre el deterioro laboral. Ahora, más miembros del comité, incluido Powell, adoptan una postura más dovish. 

El mercado reaccionó rápidamente: los rendimientos de los Treasuries cayeron, el dólar se depreció y los principales índices bursátiles subieron, liderados por acciones cíclicas e industriales. La expectativa de un recorte de 25 puntos básicos en septiembre se fortaleció, con los futuros de la tasa fed funds descontando una probabilidad del 90%. 

Powell describió un “curioso equilibrio” en el mercado laboral, donde tanto la oferta como la demanda se debilitan. Factores como la migración y el envejecimiento poblacional reducen la oferta, mientras las empresas se muestran cautelosas al contratar. Aunque la tasa de desempleo sigue baja, la creación de empleo se desacelera: en julio se sumaron solo 73.000 puestos, y los datos previos fueron revisados a la baja. 

Las tensiones políticas también afectan a la Fed. Trump intensificó sus críticas y amenazó con destituir a la gobernadora de la Fed Lisa Cook, acusación que ella rechazó. En este contexto, Powell presentó ajustes al marco de política monetaria: se elimina la práctica de subir tasas preventivamente ante desempleo bajo, se reafirma la meta de inflación del 2% sin tolerancia al overshooting, y se abandona la idea de tasas bajas como norma. Estos cambios reflejan una estrategia más flexible y adaptada a una economía postpandemia, marcada por mayor volatilidad e incertidumbre.