Frente a otra elección binaria
Hoy en Argentina conviven un boom de dólares del sector externo, impulsado por una combinación todavía extraordinaria de precios y cantidades, al que se sumaron los provenientes de las colocaciones de deuda de empresas y provincias, y una economía que no arranca. El EMAE de agosto se ubica 2,4% debajo del pico de febrero de 2025. Las exportaciones crecen, pero el consumo sigue trabado y la inversión cayendo. Los ingresos familiares caen, la política fiscal sigue ajustando el gasto frente a una recaudación que no reacciona y el crédito continúa trabado. Los canales que deberían conectar el influjo de dólares con la demanda agregada no están funcionando y las medidas de estímulo que se anuncian son grageas que no mueven el agregado.
El problema es que el ajuste deflacionario que supone utilizar el dólar como ancla para bajar la inflación, mientras buena parte de los servicios siguen indexados, comprime los presupuestos de las familias y los balances de las empresas que juegan en la vieja economía. Los ajustes deflacionarios pueden ser expansivos cuando logran coordinar una baja de las tasas de interés, como ocurrió en la periferia europea con el ingreso al euro o después de la crisis de 2008, cuando la intervención del Banco Central Europeo terminó convenciendo al mercado. Hoy en Argentina, la incertidumbre electoral volvió a disparar el riesgo país a 925 pbs y si bien la tasa corta en pesos sigue manejada (con más ruido desde la elección en Brasil), los altos spreads y la mora siguen condicionando la oferta de crédito.