La inflación de CABA marcó 2,9% en julio. Reponderando el dato por la estructura de del IPC nacional (con más bienes y menos servicios), la suba se reduce a 2,2%, apenas por encima de nuestra estimación de 2,1% para el dato nacional que publicará el INDEC el jueves. Esta aceleración en el margen sorprendió al mercado, y empieza a reconfigurar las expectativas de corto plazo, presionando por un dólar y tasas más altos en un mundo donde el dólar global se debilitó.
En paralelo, el 31 de julio tras la efectivización de la licitación con un roll over del 145% los depósitos del Tesoro en la cuenta del BCRA debieron subir $3,8 billones pero cayeron $0,3 billones: entendemos que esos $4,1 billones fueron transferidos a la cuenta del Tesoro en el Banco Nación. El efecto a priori podría ser expansivo por dos vías, la fiscal si se usaron para cancelar deuda flotante, que en junio había crecido $2,2 billones (todavía no tenemos los datos), y eventualmente por la vía crediticia a través de una banca pública mejor fondeada.
El costo aparece en las tasas. Con pasivos remunerados en torno al billón de pesos contra $2,5 billones diarios promedio en julio, las tasas overnight subieron a la zona de 23% TNA (+3 p.p.), la TAMAR se ubica en 23% frente al 22,5% promedio de julio y la curva de tasa fija pasó a rendir 28% desde 26% previo a la licitación. En un mercado que emite menos pesos frente a la menor compra de divisas, la absorción luce desproporcionada y cada punto extra de tasa presiona un programa financiero con menos grados de libertad. Todo sea por contener el dólar.
Aun así, la escasez de pesos solo funcionó al principio: el dólar volvió a presionar contra el techo “virtual” de $1.500 (el techo que surge del esquema de bandas móviles es hoy $1.856), donde volvió a encontrarse con la intervención oficial, y no acompañó la descompresión global del dólar con un dollar index que cayó 1,8% en la semana.
En medio de la presión cambiaria, el Banco Central redujo aún más su ritmo de compras. Esta semana compró en promedio USD22 millones por jornada (vs. USD45M la anterior), destacándose la baja participación respecto al volumen negociado, sólo 4%. La venta de cobertura a través de instrumentos del Tesoro se aceleró en las últimas semanas y acumula desde principios de año USD12.450 millones, de los cuales USD3.467 millones corresponden al flamante bono dual (Tamar/Dólar linked).
Las reservas brutas cerraron en USD49.455 millones y las netas en la definición del FMI son negativas en USD3.483 millones, USD8.300 millones por encima de los niveles de fines de diciembre y USD300 millones por encima de la acumulación comprometida en el acuerdo con el FMI. La noticia de la semana fue que el Tesoro le cambió al BCRA por dólares parte de los BOPREALES que había recibido por pago de impuestos en una operación que no afectó reservas netas, dado que subieron USD781 millones los depósitos del Tesoro en el BCRA. También el pago de intereses al FMI por USD851 millones que sí las redujo.
La recaudación tributaria creció 35,1% i.a. en julio, consistente con una suba de 0,8% en términos reales. El aumento se explica, al igual que en mayo, por el impacto sobre el impuesto a las ganancias originado por el cambio de calendario, con una suba de 22,9% en términos reales mientras el resto de los recursos cayó 5% i.a. en términos reales.
El relevamiento de acuerdos paritarios homologados en julio arrojó una suba promedio ponderada del 3% (4,1% promedio simple). Con un RPM de 2,1%, los convenios registrarían una mejora en el salario real.
Los primeros datos de actividad de junio siguen mostrando señales de un crecimiento dual. Mientras el IPI Minero volvió a crecer 1,7% s.e. (11,4% i.a., acumulando una suba de 8,4% i.a. en lo que va del año), la industria y la construcción siguen orbitando sin tendencia clara. Puntualmente en el mes, la industria subió 0,9% s.e. mientras la construcción cayó 4,1%. En el acumulado del año la industria cayó 2,2% i.a. mientras la construcción subió 2,8% i.a. Respecto a los niveles de noviembre 2023, la industria y la construcción acumulan caídas del 3% y del 20% s.e., mientras la actividad minera acumula una suba de 18%.
Internacional
La semana tuvo un solo eje ordenador: la desescalada en el Estrecho de Ormuz. El principio de entendimiento entre Irán y Omán desarmó el premio geopolítico del crudo, licuó el argumento inflacionario y empujó a Wall Street a máximos históricos, con el S&P 500 cerrando la semana por encima de 3% y el Nasdaq de 4%.
El informe de empleo de julio profundizó el movimiento: las nóminas cayeron 23.000 puestos contra un consenso de +83.000, con revisiones que restaron otros 103.000 a mayo y junio. La probabilidad implícita de una suba de tasas en septiembre se derrumbó de 67% a 42% en siete días. Conviene ser precisos: la curva no descuenta recortes, descuenta el final del sesgo de endurecimiento. Lo que impulsó a las acciones fue la remoción de un riesgo, no la llegada de estímulo.
En paralelo, el Tesoro de Estados Unidos compró yenes junto a Japón el viernes 31, en la primera intervención conjunta desde 1998: Washington no salió a defender la moneda japonesa sino a proteger su propia curva de rendimientos.
Para la Argentina el saldo es favorable: dólar global más débil, tasas largas en baja y apetito por riesgo, con dos advertencias que conviene no perder de vista: el rally se apoya en un acuerdo que todavía no existe y que Teherán describe en términos distintos a los de Washington, y la caída del desempleo estadounidense a 4,1% se explica porque 264.000 personas dejaron de buscar trabajo, no por creación de empleo.